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Los platos con nombre propio de nuestros restaurantes

platos con nombre propio

Hoy te traemos un temita ligero y simpático para rebajar la tensión del ambiente. ¡Los platos con nombre propio! Muchos están en tu día a día y puede que no te hayas dado cuenta. ¿Por qué los nachos se llaman así? ¿Quién es Parmentier para que siempre se relacione con patatas? ¿Qué pensaría Brillat-savarin si supiera que da nombre a un queso? Vamos a hablarte de estos platos con nombre propio, a contarte cuáles son los principales y cuáles de nuestros restaurantes los preparan.

Bechamel

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No hay una sola teoría para conocer el origen de esta deliciosa salsa a base de harina tostada (roux) con leche y mantequilla (o aceite). Muchos se la atribuyen al cocinero francés del duque Louis de Béchameil (1630-1703). Ha ido evolucionando con los años y se juega con su espesor en función de los resultados buscados: puede ser muy espesa (si queremos hacer croquetas), más líquida (como espesante) o con una textura intermedia si buscamos que sirva de salsa, como el acompañamiento de pastas y otros platos, como las espinacas a la crema.

Échale un ojo a nuestro post sobre croquetas de jamón: es nuestra manera favorita de disfrutarlas.

Bloody Mary

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El color rojo intenso (por el zumo de tomate que lleva) de este clásico cóctel inspiró a su creador para denominarlo como la reina María I de Inglaterra, una monarca bastante sanguinaria que no dudó en ejecutar a todo aquel que se opusiera a su afán por regresar al catolicismo. Fernand Petiot aseguraba haber preparado el primer Bloody Mary en el bar Harry’s de París (del hotel King Cole) en 1920. Hay quien lo vio algo soso, así que le incorporó salsa Perrins, tabasco y pimienta y se convirtió en una mezcla brutal.

Canelones Rossini

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De todas las pastas italianas, los canelones están entre las favoritas de un amplio público. Debía ser también el caso del compositor Gioachino Rossini, quien, además de un gran músico, era aficionado a comer y a cocinar. Parece ser que él ideó esta receta, que en su versión original se rellenaban de carne o pollo con foie gras, champiñones o trufas y vino dulce o fortificado, bien cubiertos con bechamel y queso. ¡Delicioso, merece estar entre los platos con nombre propio!

Carlota o charlota

Aunque popularizada por los franceses, la receta es de origen inglés. Nació como homenaje a la esposa de Jorge III, Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, en el siglo XVIII. Por aquel entonces era como un pudding de compota de manzanas.

Sin embargo, en 1800 fue el chef galo Marie-Antoine Carême quien lanzó a la posteridad esta receta con una versión fría. En un molde redondo, colocó bizcochos que lo cubrían y lo rellenaron de crema bávara.

Carpaccio

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El consumo de carne cruda es tan antiguo como el ser humano, pero la ocurrencia de servirla loncheada finamente es bastante reciente. Se considera su creador a al famoso Giuseppe Cipriani, dueño del Harry’s Bar de Venecia. A petición de su amiga Nani Mocenigo, a quien su médico le había recomendado comer carne cruda, ideó esta manera más agradable de degustarla. Por su parecido a los colores de la obra del pintor Vittore Carpaccio (que empleaba tonos rojos y amarillos en sus obras, fundamentalmente) fue bautizado con este nombre.

Nosotros tenemos grandes sitios para comer carpaccios, como el que sirven en Ôven Atocha, elaborado con buey de la Finca y acompañado de rúcula, queso parmesano, reducción de Módena y aceite de limón.

Crêpes Suzette

platos con nombre propio

En nuestro especial de restaurantes para comer crepes te contamos ya la historia de esterico postre, cuyo protagonismo está en la mantequilla a punto de pomada con azúcar y zumo de naranja o mandarina, y que se flambea con Grand Marnier o Curaçao.

Todos parecen de acuerdo en aceptar cómo se crearon, pero hay dudas en cuanto a quién. Al parecer, todo sucedió durante un almuerzo en Montecarlo a finales del siglo XIX, al que asistía el mismísimo Príncipe de Gales. El chef estaba preparando crepes y por error derramó licor de mandarina: el tesultado era tanbueno que dobló las crepes y las sirvió com ouna nueva receta. Fue el príncipe quien bautizó el postre con el nombre de la hija de uno de sus acompañantes. Y así nació uno de los platos con nombre propio más dulces.

La polémica llega con la autoría. El chef de Rockefeller, Henri Charpentier se atribuyó su creación en 1896. Pero los expertos son reacios a darle credibilidad porque por aquel entonces, Charpentier era un aprendiz de 16 años al que ningún chef principal hubiera dejado elaborar un postre para un príncipe.

Chateaubriand

Imagen de Jeremy Keith.

Este grueso y jugoso corte de solomillo de vacuno es ideal para hacer a la parrilla, o salteado con poco aceite o mantequilla. Hay que servirlo poco hecho, con el interior rosado, y admite varias salsas como acompañamiento: tal vez es la bearnesa la más conocida.

Hay dos teorías en torno a su elegante nombre: una atribuye su creación al cocinero Montmirail, que servía al escritor y diplomático francés François-René de Chateaubriand. La otra teoría cree que su nombre puede deberse a la deformación del municipio Châteaubriant, un municipio famoso por su ganado.

Huevos Benedict

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os gustan tanto que le pondríamos un monumento a estos imprescindibles del brunch, la comida más de moda. Se trata de huevos escalfados, bañados en salsa holandesa sobre un muffin o tostada con jamón, panceta o pastrami.

Su origen, al parecer, es también bastante reciente, aunque tampoco hay certeza absoluta. En 1942, el corredor de bolsa retirado Lemuel Benedict, explicó a The New Yorker que él creó la receta y que se la sugirió a Oscar Tschirky, jefe de sala del Hotel Waldorf, a finales del siglo XIX como remedio para la resaca. Tschirky no tardó en incluirlo en sus sugerencias de desayuno.

Otras teorías afirman que fue creado por un banquero llamado E.C. Benedict, un banquero que murió en el año 1920. Al parecer, se la había enseñado su madre, quien, a su vez, la recibió de su hermano.

Parmentier de patatas

Conocido en Francia como hachis parmentier (no pienses mal, hachis significa desmenuzado), es un homenaje al nutricionista Antoine-Augustin Parmentier. Como ya te contamos en nuestro especial sobre tubérculos, fue fundamental para que la patata (hasta entonces una planta forrajera), convirtió al alimento americano en una salvadora de la vida de millones de personas ante las hambrunas.

El parmentier original es un pastel de patatas relleno de carne picada y guisada, aunque en muchos sitios se emplea solo el tubérculo, a veces con nata para darle cremosidad. Es una guarnición habitual. Por ejemplo, en Manduka (barcelona), sirven su pulpo de roca a la parrilla con parmentier y aceite de chorizo gallego.

Nachos

platos con nombre propio

Estas tortillas de maíz fritas, recubiertas generosamente con queso y toppings al gusto, tienen su origen en México. En concreto, parece ser que a un pequeño restaurante de Piedras Negras, Coahuila (México), llegaron las esposas de militares estadounidenses cuando el enclave ya estaba cerrado. El chef, Ignacio Anaya, les sirvió este aperitivo (totopos con queso) porque casi no tenía ingredientes. A las clientas les encantó la idea, y cuando le preguntaron por el nombre de este rico aperitivo, respondió: “Nachos”. Así se le sigue llamando a este rey de los platos con nombre propio.

Puedes encontrarlos en todos nuestros restaurantes mexicanos.

Pizza Margarita

Es uno de los platos típicos de Italia más universales, y también forma parte necesaria de esta recopilación de platos con nombre propio. Se cree que fue en 1899 cuando el cocinero Raffaele Esposito, de la pizzería Brandi,​ creó esta exquisitez con los colores de la bandera nacional del país (emulándolos con tomate, mozzarella y albahaca) para homenajear a la reina, Margarita de Saboya.

Tarta Sacher

platos con nombre propio

Si amas el chocolate como nosotros, seguro que conoces bien a la tarta nacional de Austria. Sobre un bizcocho de chocolate, se intercala mermelada de albaricoque y el conjunto se baña con chocolare glaseado. Es habitual servirla con nata.

Tal excelsa creación se debe a Franz Sacher, entonces un aprendiz de pastelería que en 1832 creó el pastel para agasajar a los invitados del príncipe Klemens Wenzel von Metternich. Años más tarde, su hijo Franz Sacher aprendió el oficio en la confitería vienesa Demel. Y en 1876, su padre fundó el hotel Sacher, donde vendía su tarta. Ambos establecimientos, que se han visto en disputas por usar el nombre de la tarta, sirven este manjar en Viena.

Si andas por Barcelona, puedes degustarla en B.24.

Tarta Tatin

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Como te contamos en nuestro especial sobre tartas de manzana, son varias las teorías respecto a la génesis de tan rico postre. La más extendida es que nació a finales del siglo XIX en un hotelito regentado por las hermanas Tatín. Una de ellas se pasó con el tiempo de cocción de la fruta y, para no desperdiciarlo, puso la masa encima y le dio la vuelta después de cocerla en el horno. El resultado, como se dice ahora, le sorprenderá.

Es uno de los postres estrellas de Marc Roca en su BLAU BCN.

Ternera Strogonoff

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Es un guiso de carne de ternera con setas y crema agria que se sirve con patatas fritas. La versión más aceptada sobre sus orígenes es la de que fue creado a finales del siglo XIX por el chef del conde Pável Aleksándrovich Stróganov durante una competición de cocina.

La encontraremos, cómo no, en uno de los restaurantes rusos más célebres de Madrid: Rasputin.

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Rosalía. O Piti, como todo el mundo la conoce. Licenciada en Periodismo y Máster en Comunicación Empresarial por ESIC, ha trabajado en medios como Agencia Efe, ADN, Congreso de los Diputados, 11870 o Injuve. Ama escribir, leer, ver series y comer por encima de todas las cosas. Es sevillana y también le gusta la cocina. Pero prefiere reservar en Restaurantes.com y que cocinen para ella.

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